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La primera vez que fui a un refugio de animales…

Publicado por admin en

La primera vez que fui a un «refugio» de animales estaba aterrorizada, nunca había tenido un perro, así que no sabía qué esperar al entrar a un lugar en el que habían más de 300 de ellos. Pensé que todos se lanzarían sobre nosotros, que habrían animales que no estarían felices de ver 20 extraños o que por el contrario estarían felices y nos tumbarían al piso de la emoción. De igual manera imaginé que sería triste ver sus rostros detrás de las rejas, pero aún así me decidí y fui.
Nadie conocido quiso ir o llevarme y a falta de carro la travesía fue en bus, por medio de Internet busqué personas que irían al voluntariado pero que tampoco tenían carro y quedamos de encontrarnos en el paradero de la flota que nos llevaría hacía allá.

El trayecto no fue largo, y estos 3 extraños que acababa de conocer resultaron ser personas extraordinarias. Cuando llegamos al punto de encuentro, esperamos a los organizadores del voluntariado y después de que se agrandara el grupo nos dirigimos al refugio. En la entrada de un lote nos recibió un señor que iba acompañado de 3 perros, desde ya podía sentir en mi las crecientes las ganas de llevarlos a todos a casa pero a medida que nos acercamos no pude contener mi asombro ante la cantidad de perros que habían encerrados. Claro, sabíamos que habían muchísimos, pero no fue sino hasta el momento en que los vimos que caímos en cuenta de la cantidad real y lo peor: la mayoría estaban enfermos, con llagas y mordidas.

Oreo, felizmente adoptada.

Cuando entré ninguno me atacó o tumbó al piso de la emoción, sí, estaban felices de que estuviéramos allí pero en sus ojos se veía sufrimiento, abandono… en sus ojos había un vacío que nosotros como humanos irresponsables al no esterilizar a nuestras mascotas, por ejemplo, habíamos causado. Sin hacerse esperar, un perro blanco puso su cabeza en mi pierna, extremadamente flaco, con más espacios de piel descubierta que pelo, se le veían las costillas y los huesos arriba de la cola.

Nos dividimos por grupos y fui a bañar perros junto a tres hermanas que tenían mucha más experiencia en perros que yo. Con agua helada, encima de un fregadero, bañamos no se cuantos. Estaban lastimados, viejos, ciegos, habían criollos pero también de raza, perros que alguna vez tuvieron un hogar pero después de un tiempo fueron abandonados a su suerte por su edad, por estar enfermos o porque «su familia» un día se aburrió de ellos, cuando acabábamos con uno le poníamos una pañoleta y Caro (la hermana mayor) traía otro, diligentemente los encontraba y los traía alzados hasta nosotras y hacía los otros grupos que también estaban bañando, los tranquilizaba como solo ella sabe hacer y salía pronta a buscar otro.

Después del baño, la señora encargada del refugio les sirvió el concentrado que algunos voluntarios llevaron, y esas bolsas tal vez alcanzarían para ese día, pero ¿cuántos días estarían esos perros sin comer? Eran días de lluvia, había barro por todos lados y esa misma semana, en medio de la noche, habían dejado una caja abandonada con 4 cachorros en la entrada del refugio, solo quedaban 3 de los 4 y otro cachorro de otra camada. Estaban en una casa y una fundación accedió a llevarse dos de los cachorros más enfermos, fuimos a ver los dos que quedaban y uno de mis acompañantes de bus se decidió y se llevó uno, sin saber que hacer y segura de que si se quedaba solo, las probabilidades de que sobreviviera el último cachorro eran pocas, lo traje a casa supuestamente como hogar de paso por «un par de noches», pero esa es otra historia.

Caro se ofreció a traernos a Bogotá y mientras nos alejábamos no podía sentir más que angustia y un nudo en la garganta por los que se quedaban. Hasta el día de hoy me atormenta ese perro blanco que acostó su cabeza en mi pierna, ese perro que con sus ojos pedía ayuda, tal vez un poco de amor. Casi un año después, algunas fundaciones al enterarse del nivel de abandono, trasladaron la mayoría de los perros que se encontraban en ese lote y  después de mucho trabajo han conseguido dar en adopción algunos pero aún así me pregunto ¿qué habrá pasado con ese perro blanco? ¿tal vez murió en aquel lugar, sólo? ¿esperando que una mano acariciara su cabeza? ¿esperando sus antiguos dueños regresarán? ¿esperando que yo hubiera hecho algo por él? o ¿tal vez, y estoy intentando ser positiva, fue uno de los afortunados y ahora se encuentra en un nuevo hogar?


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